BETWEEN INNER THOUGHTS




"El problema es que mi cabeza no está nunca despejada. Mi cerebro es una casa de campo para demonios. Vienen a menudo y cada vez son más numerosos. Se preparan aperitivos con el licor de mis angustias. Se sirven de mi estrés porque saben que lo necesito para avanzar. Todo depende de la dosis. Demasiado estrés y mi cuerpo explota. Demasiado poco, y me paralizo. Pero el demonio más violento soy yo mismo." - Mathias Malzieu 



Todos tenemos esos momentos de lucidez en donde después de haber revuelto y tirado todo por la borda nos preguntamos, ¿qué demonios hice?, ¿por qué me comporté de tal forma? o en mis queridas palabras mexicanas ¿qué chingados me pasó?

Honestamente con mis casi veintitrés años me cuesta aceptar que las personas no se dan cuenta de que cada uno posee sus propios demonios. Que hasta la fecha creen que la perfección existe y en verdad, no me da remordimiento recordarles o demostrarles que no es así. Que el humano tiene el derecho de libre albedrío sí, eso no lo niego, pero en su camino adquiere un costal de errores o como diría yo, aprendizajes forzados. 

El hombre, en su respirar de "libertad", se topa con una que otra situación que en ocasiones, harán que la pequeña criatura que vive en nuestro interior vaya creciendo. Aquel pequeño ser que nos acompaña desde nuestro nacimiento, lo alimentamos con esas burlas a nuestros compañeros, los empujones por llegar primero, las peleas con nuestros padres en nuestra insufrible adolescencia, etc. Actos que con el paso de los años van tomando un grado mayor y las consecuencias cada vez son más caras. Una vez que llegamos a la mayoría de edad les puedo jurar que aquella criatura aparentemente inofensiva ha cambiado su forma. Mi demonio es enorme, no solo el tuyo. 

Si pudiera regresar el tiempo trataría de detener a mi persona de decir una que otra idiotez. Las palabras hieren y esas por mucho que queramos no se las lleva el viento; son como navajas que golpean hasta el fondo de quien escojamos como nuestra "víctima". ¿Te digo algo? Sé que de todo se aprende, de hasta la más mínima tontería que cometimos en el pasado podemos sacar algo bueno de ello pero...no deja de ser una lección que nos cobra en ocasiones, demasiado caro. Nuestros actos siempre nos pasan la factura como suelen decir y a veces nos aferramos a no querer perder, a no querer soltar, negamos las consecuencias. Se vale luchar, pero lo que hicimos estará ahí toda la vida. Nos perseguirá queramos o no. Inclusive cuando muchos te digan no te aferres a tus errores, déjalos ir, nuestros demonios seguirán ahí. Esperando su siguiente despertar. 

Te digo yo, la persona no perfecta, una persona como tu que tiene días buenos y otros no tanto. Te confieso que creo que absolutamente tienes el derecho de dejar ir tus errores y olvidarlos; pero eso es una forma muy vaga de vivir. Se necesita sentir el dolor, aceptar lo que hicimos y ser valientes para afrontar lo que venga. Cuando necesites pedir perdón hazlo pero nunca ignores el daño que hiciste porque al igual que tu tienes el derecho de pedir una disculpa, la otra persona tiene el derecho de negártela.  

A veces no entiendo como las personas pueden olvidar que en su interior no habita el grillo cantor del que se habla en los cuentos. No hay nadie que nos diga que está bien y que está mal porque ni una sola persona en esta tierra lo sabe. Todo lo que hacemos tiene una reacción, eso es lo único seguro y mi nivel de conciencia es completamente diferente al tuyo. Por tal motivo, debo aceptar tus demonios esperando que tu lo hagas también con los míos. No puedo cerrarme a la idea que eres perfecto porque no es así, en ningún lugar de tu ser voy a encontrar lo que la sociedad erróneamente llama "perfección". Ni yo lo soy y no quiero serlo. Me llevo bien con mis demonios, cuando no se alteran pueden mantenerse tranquilos sin ningún problema. 

¿Cómo son tus demonios querido lector?