"A veces es bueno tomarse un respiro, darle reset a la mente y solo platicar de trivialidades con nuestro subconsciente. Uno se forja su propio destino dicen por ahí pero al mismo tiempo, pienso que uno se apega a su propio dolor, caba su propia tumba. Hay algo en esta mente tan volátil que se agota". 

Aun recuerdo el aroma que arrastraban sus palabras, tan sinceras y al descubierto. Es como si ella me dijera lo que mi boca no se atrevía a expresar; con sus labios color carmesí que pronunciaban con semejante soltura cada uno de mis miedos. Un intercambio de miradas nos bastaba para que quedará desnuda mi alma ante ella. Cuántas noches no me habré ocultado bajo el reflejo de su propia sombra. Me bastaba una vida para darle a entender que el tiempo nos observaba...a las dos por igual. 

Contar sus costillas y las mías, desempolvar el armazón que nos envolvía; escuchar como se iba desmoronando y los restos se convertían en cenizas. No necesitaba pronunciar verbos y conjugarlos para que sintiera lo que estaba pasando. Su perspicacia le permitía corregirme sin mayor atrevimiento y entre peleas al tú por tú nos íbamos consumiendo; cada una en su propio laberinto, encerradas entre las mismas enredaderas. Notas bajo los renglones y manchones de pintura en nuestro pecho que ocultaban los pequeños pormenores. Entablar una conversación no era necesario, hay cosas que solamente se comparten entre un mismo silencio. Nadie era más humano entre nosotras. La Vida presenciaba como nuestra esencia se hacia una sola. 

Cuantas noches no la sentí observándome, cautivando y aferrándose a mis sueños como si fueran los suyos. Se nos cruzaba el tiempo y la tormenta y yacíamos bajo el mismo techo de dudas y circunstancias infinitas. Si el delirio no dejaba al descubierto las antiguas deudas y promesas, el frenesí cumpliría su trabajo. Dos almas tan distintas en una sinergia perfecta a veces olvidando que había posibilidades de no volvernos a encontrar.

Solamente ella conocía mi habilidad por contar cada uno de sus suspiros entre cortados y el terror que me envolvía cuando no encontraba la manera correcta de leer mis pensamiento de derecha y al revés. Uno tras otro ignorando la razón de su llegada. Tal vez nos hacia falta la una a la otra para sentir que estábamos vivas. 

Lamentable era hora del adiós. En el instante que su rostro palidecía era una señal que se marchaba, que se despedía de mi para regresar cuando nos volviéramos a entender; cuando nuestros cuerpos reaccionaran en plena sincronía. 

Dedicado a quien me observa a travez del espejo. 
A Ella y solamente Ella que conoce cada secreto oculto. 

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