Prólogo de los 26



Veintiséis años cumplidos, con la mirada en el horizonte y con el corazón en el bolsillo. ¿Lo escuchas? Cierra los ojos que late fuerte.

Nunca pensaría que estaría escribiendo esto mientras mi vida está trazando un camino distinto en el mapa. La tormenta tomó por sorpresa a este capitán pero sólo queda aprender a navegar contra corriente, con la certeza de que el chaleco salvavidas no será necesario.

Las olas de circunstancias que nos arrastraron contra el arrecife me dejaron adormilada, como un intento de bella durmiente que se negaba a despertar. Hablando con franqueza, mi corazón se rompió y con él...el suelo que parecía firme se comenzó a desmoronar. Frente al espejo se percibían piezas de rompecabezas que ya no encajaban, uno que otro par que se perdieron en el camino y otras...que con el viento se desprendían del polvo. ¿De dónde habrán salido éstas últimas? Siempre estuvieron ahí, simplemente había olvidado su sitio. Respiré hondo y dejé que ese efímero instante me llevara al encuentro con mi esencia, ¡Y vaya sorpresa! A pesar de la sacudida se encontraba más fuerte que nunca y con la necesidad de tener una plática de tú a tú con mi alma. Para dejar las cuentas claras, poniéndole fin a esta constante manía de colocar callejones sin salida.

En este proceso que llamaremos dramáticamente “El Despertar”, nos encontramos con un ser más consciente; desatando nudos y permitiendo que los miedos se convirtieran en adrenalina. Sé que no es sencillo el recorrido, me es imposible asegurar que no habrá instantes en donde solamente desee tomar una bocanada de aire y soltar todo. Dejar las maletas a la espera de un próximo viajero. Pero he sacudido de punta a punta mi subconsciente, he abierto la caja de Pandora en donde había guardado mis sentimientos junto a todos los males del mundo, aceptando que es parte de mi historia y que tratar de no sentirla sería sumamente absurdo. Porque solamente existen palabras de agradecimiento, no hay evidencia o rastro de rencor ni de arrepentimiento. Los años se vivieron bien y si tratase de cubrirlos con alguna mentira sería eliminar la persona que soy ahora. Con el cabello corto al natural y con una sonrisa en su rostro. Porque el tiempo todo lo cura, es cosa de permitirnos abrazar lo bueno y lo demás...le abrimos la puerta para que se vaya sin darle tiempo de protestar.

Me encuentro estrenando los veintiséis años y observando la tinta que comenzará a trazar sobre este capítulo en blanco. Poniendo sobra la mesa mis metas que hace tiempo dejaron de ser simples sueños. Si me acerco a la orilla descubriré que hay un sin fin de experiencias que,pasarán a saludar. Cuando sea el momento de sacar el corazón del bolsillo lo haré; porque me enseñaste bien, conocías perfectamente la fortaleza que yo ignoraba. Aunque los créditos de esta película han llegado a su fin, me has llenado de vida. Escribimos nuestra propia rayuela. Sabiendo que andábamos para encontrarnos...nos dejamos libres. Mi esencia recobra su ritmo, comienza a entrelazar los hilos y fibras que me conforman. Vamos bien, estamos despertando.


Con amor y para siempre
Bibiana

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