BAY CITY


Querido San Francisco, hace una semana que me despedí de ti y ya extraño tu gente.

Gracias por tu bondad. Pareciera que todo lo que me mostrabas era parte de un acto de magia y que dentro de tu sombrero de copa, no guardabas liebres o palomas; sino recuerdos que se convirtieron en lecciones de vida y los trazos de una nueva ruta. 

Para serte honesta mi querido San Francisco, nunca imaginé que iba a caminar por las calles tan sola y al mismo tiempo…tan bien acompañada. Me acobijé en ti. No faltaron las sonrisas ajenas y el intercambio de miradas que respondía la gran interrogante en mi cabeza; ¿No encuentras tu camino? Mi corazón, resguardado en el bolsillo, se dejó llevar entre los callejones repletos de murales y palabras bonitas que me recordaron el placer de vivir. Me brindaste fortaleza al descubrirme tan pequeña y me volviste a presentar ante mi lado más humano. Lloré. Varias veces me encontraste bajando la guardia y ocultando la mirada como si las grietas de tus calles fueran de lo más interesante. Nunca te lo reproché, me estabas enseñando a retomar el equilibrio, a respirar profundo y a comenzar a soltar. 

San Francisco, ¡estás lleno de recuerdos! Como Rapunzel, conocí el significado de la belleza desde la cima de tu torre y extendiendo la mirada tras el ventanal, me sentí completa. Contenta con la esencia que había llegado a mi encuentro y sabiéndome afortunada al sentir que mi alma había encontrado su libertad. Bastaba con cerrar los ojos, inhalar el aire helado y entender que todo lo que se había desencadenado en este par de meses eran lecciones que me prepararon para este preciso instante. Un momento en donde la vida me decía; “Bibiana, eres tú contra el mundo. La felicidad está en esos pequeños detalles, esos instantes efímeros que te conectan con tu presente, pasado y futuro. En donde haces las paces con tus miedos y te dejas ir”.

Tu lección más grande es que comprendí que había caducado la estancia de mi corazón en el bolsillo. Había terminado su turno en el juego de las escondidillas y ya era tiempo de que él corriera libre. En ti, descubrí el amor a primera vista, ¡de esos que tanto se hablan en las novelas románticas! Me convencías de que hay infinidades de matices entre los sentimientos y el encontrarme envuelta entre ellos, sólo me recordaba lo afortunada que era. De poder sentir, de poder experimentar; cada palpitación era una conversación entre tú y yo. Sabía que me entendías, lo que el corazón desea es lo que en verdad llena de dicha. 

Me faltaron días para conocer más de ti y tú de mi. Pero si de algo estoy muy segura, ¡es que nos volveremos a encontrar! Intercambiaremos secretos y nos cuestionaremos el por qué de nuestra absurda distancia. Disfrutaremos el presente como aquella vez, cuando tu magia me recordó que debo vivir a mi manera y que la promesa que le hice al universo está grabada entre constelaciones.  

Con amor y para siempre
Bibiana

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